19/12/14

ESCENA 1: Huérfanos de la Anarquía

SECUENCIA: LA INDUSTRIA DEL ESPECTÁCULO

DIRECTOR: Germán Lao

            Se acabaron los “Jesuschrist” y los “Jackie boy”. La fantástica tragedia clásica moderna que desde 2008 nos traía Kurt Sutter ha bajado el telón por última vez. Y la echaremos de menos.


Ambientada en un pequeño pueblo ficticio de California, cerca de las grandes urbes que rodean San Francisco, la historia nos relata la lucha de un miembro de un peligroso club de moteros por convertir ese grupo criminal en uno limpio y dentro de la legalidad. En su afán irá conociendo los entresijos, haciendo frente a nuevos peligros y siendo consciente de la sangrienta historia del club, lo cual será determinante, pues le afecta personalmente más de lo que él mismo esperaba.

            La producción cuenta con un reparto acertadísimo, que se ha sabido implicar en la historia y hacerla evolucionar de un modo complementario a la trama, la cual ha ido avanzando con muchos aciertos y algún fallo, nadie es perfecto, pero apenas han sido determinantes. En general, la historia es interesante y, lo que es más importante, adictiva.

            Su creador, Kurt Sutter, también productor, director, guionista y actor de la serie, ha dejado patentes sus influencias procedentes de la tragedia shakesperiana; no de una sola obra, sino más bien extrae los grandes temas universales que trataba, como la traición, la venganza, el amor desesperado, la soledad del héroe, etc. En siete temporadas ha tenido tiempo de sobra para tratarlos todos más que correctamente.

            El aficionado a la ficción, y más concretamente la televisiva, encontrará la serie interesante, sin más, pero si sus gustos se encaminan más hacia el género negro, con historias llenas de mafia, vendettas, intrigas y un punto de redención, ésta serie le cautivará desde el primer episodio, pues es brutalmente sincera, y no divaga intentando ser lo que no es. La serie sabe quién es y hacia dónde se tiene que dirigir desde el primer momento, y esa claridad se nota a la hora de desarrollarse. Además, a partir de la quinta temporada entra en una vorágine de huida hacia delante que ya sólo puede cerrarse en un final definitivo, en el capítulo trece de su séptima entrega.

            Anteriormente, durante las tres primeras temporadas, la historia se desarrolla de otra manera, centrándose más en un viaje de autodescubrimiento y aceptación, que, paradójicamente, durante la cuarta temporada, se descubre incompleto y parcial y durante esa entrega, que se puede definir como de transición, se sientan las bases de lo que vendrá posteriormente.


            Vamos a extrañar no saber más de Jax Teller y sus familias, tanto la de sangre como la de chaleco; la mesa de madera tallada donde se tomaban las decisiones importantes, y los apartes donde se tomaban las decisiones cruciales; los enemigos convertidos en amigos y los desconocidos convertidos en infierno; y todos esos paisajes desérticos de california, con carreteras interminables y peligros tras cada curva.


            Podemos estar seguros de que Sons of Anarchy ha sido una grandísima serie, pues la creación de esta nostalgia en sus seguidores, que se puede pulsar en foros, blogs y twitter, a tan poco tiempo de su final sólo está al alcance de series que resultaron trascendentales, y no es que haya aportado grandes novedades al medio o al género, pero ha conseguido algo igual de importante, conectar con su público.

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