SECUENCIA: MADE UP IN SPAIN
DIRECTOR: Germán Lao
Hay ocasiones en las que
un producto deliberadamente minoritario nos sorprende por su masiva
repercusión, y por su enorme aceptación y, lo que es más difícil, vigencia. La
nueva serie del personalísimo cómico Igantius Farray lo ha conseguido, con
creces, y el fenómeno continúa, sólo hay que darse un paseo por twitter para comprobarlo, y eso, para
los que tenemos grandes esperanzas en la ficción patria, es un motivo más que
poderoso para reclinarnos en nuestra silla con una sonrisa y las manos
entrecruzadas tras la cabeza; posición de “yo ya lo sabía”.
Es valiente y desinhibida,
como el humor del que hace gala su protagonista, desde su misma concepción y
primeros pasos, pues tiene su origen en la inclasificable web serie Todo el mundo quiere ser como Ignatius
Farray, creada hace unos años por dos de los implicados en esta nueva obra,
Miguel Esteban y el mismo Ignatius Farray, aunque aquello fue más bien un
experimento de autoconocimiento de propios límites y un ejercicio de genial
desvergüenza por parte de sus autores; muy recomendable si te acercas a ella
sin ningún tipo de prejuicio. Del mismo modo, su forma de producción y emisión,
por parte de Comedy Central, es resultado de conocer e interactuar con los
actuales modelos de consumo de ficción televisiva, más a través de internet y a
petición de espectador; además de en el canal mencionado, también está
disponible en la mayoría de plataformas on-demand
actuales.
Sin embargo, es cierto que
el espectador que se acerque a esta comedia no debe esperarse la típica
sucesión de chistes y comparaciones a las que estamos acostumbrados en este
país por parte del grueso de series de humor que se nos ofertan; aquí tras la
situación que nos hará sacar la sonrisa, o tener que pausar la reproducción
para poder recomponernos dependiendo del caso, subyace un mensaje dramático
que, si bien en algunas situaciones sirve para intensificar el momento cómico,
en otros nos corta la sensación de euforia para exigirnos una identificación
personal con el protagonista que nos hace sentirnos incómodos, participando en
ese momento de la trágica situación del personaje. Éste es el gran acierto de
guión y el gran aporte que ofrece al panorama televisivo español.
Es cierto que su principal
fuente, la norteamericana Louie C.K.,
subyace continuamente bajo todas y cada una de la imágenes mostradas en la
pantalla y escritas en el guión, pero adaptar ese estilo con tanto acierto a un
público como el español, con nuestra propia idiosincrasia y realidad social es
un elemento que se debe valorar muy positivamente; también se puede observar el
espíritu de la poco conocida ¿Qué fue de
Jorge Sanz? sobrevolando en prácticamente cada secuencia, pero eso es un
valor añadido, pues no debemos obviar los pasos que la ficción nacional ha ido
dando en los últimos años y la única forma de asentar lo conseguido es
perfeccionarlo e incorporarlo. Raúl Navarro, el tercero en discordia, ha sabido
leer perfectamente las referencias y hacerlas suyas para crear un producto
completamente personal e identificable.
Se interpreta a sí mismo y
casa comedia de monólogo y de situación. Esta definición es correcta,
insuficiente, pero correcta. Ignatius Farray interpreta un personaje
fascinante, como antes hicieran Jerry Seinfeld o el anteriormente nombrado
Jorge Sanz, pero cuya historia y fondo se ponen completamente al servicio de la
historia y la comedia, como en los casos de Louis C.K. o Larry David. Las
tramas hacen evolucionar sutilmente tanto la historia como el personaje, sin
grandes cambios o drásticas salidas de tono, pero en las que se tocan, casi
inadvertidamente, los sentimientos humanos, haciendo al espectador partícipe de
ellos, como en las de los episodios Pica el verde y Pepinillos agridulces, de carga
emocional diametralmente opuesta pero provocadores de una implicación total en
la trama.
Referencia aparte merece la extensa lista de actores y cómicos que se
acercan a echar un vistazo a ver que se cuece por aquí. Desde la estable
colaboración de Juan Botet, que nos otorga una de las secuencias más
hilarantes, hasta la colaboración de Willy Toledo, que se une a la filosofía de
Ignatius y se ríe de la imagen que ha creado de sí mismo. Mención especial para
Javier Cansado, Joaquín Reyes y Julián Villagrán, aunque la más destacada,
tanto por el personaje que interpreta como por lo que aporta en pantalla, es la
recreación del técnico de telefonía que realiza Víctor Clavijo y su tercer acto. Enorme. Me
quito el sombrero ante sus creadores.
"El loco de las coles" se
nos ha hecho mayor, o siempre lo había sido pero no lo habíamos sabido o
querido apreciar, esperando siempre de él sus característicos chistes y salidas
de tono. Sin embargo, en esta ocasión nos trae un producto personal y
totalmente libre, nueva interpretación de sí mismo y su personaje, interesante
y enigmático, aportando su propio y loco granito de arena al panorama de la
ficción nacional, preparada ya, tanto ella como el público, para productos que
trasciendan los esquemas asentados y convenientemente repetidos y explotados.
Más que recomendable, yo
diría, y todo esto es sólo mi opinión personal, que se trata de una serie
indispensable para conocer el nivel de desarrollo actual de la industria en
nuestro país, y, por último, para disfrutar realmente de un producto que nos
hace reír, incomodarnos, pensar y sólo mirar a partes iguales. Bravo, señor
Farray.
Los capítulos de El fin de
la comedia están disponibles en Comedy Central y las plataformas on-demand
españolas.


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