30/12/14

ESCENA 2: Esas tardes de Navidad (2)

SECUENCIA: CUENTOS EN 35 mm

DIRECTOR: Germán Lao

            Espero que os gustara la primera parte de esta trilogía de temática navideña, porque hoy va la segunda, más enfocada a películas para ver en compañía de los más pequeños y hacerles partícipes del espíritu navideño, aunque cada una de una forma diferente.

            Continuaré con otras cintas que eran recurrentes durante mi infancia y con un clásico del cine que lo es también de tan señaladas fechas, todas ellas perfectas para disfrutar junto a los más pequeños de la casa, de manera que les podamos introducir en el cine que se realizaba antes de los efectos por ordenador, o, al menos, antes de que casi dejaran de notarse, y del mismo modo en historias tan clásicas que fueron rodadas en blanco y negro. Pónganse la ropa de andar por casa y acomódense en el sofá, que vamos a pasar un buen rato navideño.

¡Qué bello es vivir!
            Puede que sea el clásico navideño más internacional y famoso del siglo XX. El cuento de Philip van Doren, adaptado magistralmente por Frank Capra, se adapta como un guante al espíritu propio de estas fechas. Es cierto que la producción es propia del Hollywood más clásico y parece que hoy día no tiene cabida para el gran público, pero el peso de la historia es tan potente que, al espectador que se deje guiar por ella, se le olvidará que vive en el siglo XXI y será transportado directamente a los años 40, participando y entendiendo perfectamente los devenires de un personaje que, desde  que se visiona el film por primera, nos induce cariño y ternura, y al que acompañamos a través de todos esos episodios relevantes de su vida.

¡Vaya Santa Claus!
            Tim Allen no es santo de mi devoción, más bien todo lo contrario, pero era omnipresente en las tardes de los noventa con su serie Un chapuzas en casa. Con ésta película consiguió la proyección internacional de su carrera, dando a conocer su humor blanco, simple y tontorrón. Desde el punto de vista de un niño, los colores y la ambientación de esta cinta son maravillosos y la historia no demasiado enrevesada, así que se deja llevar por la historia de aprendizaje un Papá Nöel digamos ”becario”. Desde el punto de vista de un adulto, si esta película no te divirtió en tu infancia, difícilmente será una buena opción navideña, a menos que, viéndola rodeado de peques, consigas convertirte en uno más de ellos.


Eduardo Manostijeras
            Para los amantes de la realización de Tim Burton esta película puede suele ser una de las preferidas. El universo que este director crea para cada historia suele ser envolvente y, en ocasiones, demasiado recargado, pero en Eduardo Manostijeras consigue un equilibrio que posteriormente no ha conseguido repetir, quizás por la consiguiente conceptualización de ese mundo personal al que antes hacíamos referencia. La historia es fantástica y está contada bellísimamente, lo que hace que sea una de las más disfrutables en estas fechas.

25/12/14

ESCENA 1: Esas tardes de Navidad (1)

SECUENCIA: CUENTOS EN 35 mm

DIRECTOR: Germán Lao

            Hay tardes navideñas que se caracterizan por la necesidad fisiológica de sofá, estufita y peli. Y siempre nos damos a ellas o procurando elegir una buena historia tras la que llevamos tiempo queriendo ver, o dejándonos llevar por la peculiar oferta televisiva de esos días. Sin embargo, me gusta creer que hay otra opción.

            Desde mi infancia, ha habido historias que, haciendo referencia a estas señaladas fechas, me ha gustado disfrutar, culpablemente, obviando, en algunos casos, la calidad de la que no presumen. Son historias de diferente tipo y factura que, sin tener mayor pretensión, te hacen volver a unos tiempos en los que la mayor de tus preocupaciones en estos días era ver como el día de reyes y el de regreso al cole se encontraban demasiado cerca. En la primera edición voy a recordar tres de esas historias que te hacen sentir el jersey, la bata y las babuchas de cuadros marrones.

Pesadilla antes de Navidad
            El gran clásico navideño de Tim Burton, con permiso de Eduardo Manostijeras, a la que nos referiremos otro día, es una de las grandes joyas de la animación cinematográfica, la cual sólo escribió (sólo) pero no dirigió; eso recayó en manos de Henry Selick. Con una historia sorprendente, y con un mensaje propio de las producciones de esta época, es una película total, que te hace disfrutar con el diseño de sus personajes, con la ambientación, con la inovidable música de Danny Elfman, con los encantadores secundarios, con el crecimiento personal de cada uno y, lo que es más importante, hace que, de pronto, te encuentres inmerso en la trama, participando de ella y queriendo ayudar a sus inolvidables protagonistas a llevar a cabo sus locuras.

Gremlins
            Spielberg, como no podía ser de otro modo, también posee unos de los clásicos navideños, aunque tampoco lo dirigió, pero supo ver su potencial y decidió producirla. Siendo una historia de terror, es una película para toda la familia, pues el universo creado en torno a esos horribles bichos, Gizmo no es uno de ellos, es la mascota deseada por una generación entera, se tiñe continuamente de comedia. El ritmo no decae, lo que hace su visionado intenso y atractivo, hasta llegar a su mejor momento, la escena final de la lucha de los protagonistas contra las “encantadoras” criaturas (hacen que echemos de menos los animatronics) que se ha convertido en referencia pop en muchas otras obras posteriores.

Sólo en casa
            Nadie soportaba a Mackauley Culkin, y nadie lo reconocerá, pero en aquellos años era la estrella de todo el cine familiar, el chico de oro. Su presentación fue por la puerta grande, pero sin esperarlo, ya que, aunque los productores esperaban buena acogida, nadie esperaba el bombazo internacional que fue. Veíamos a Kevin y su enorme casa, llena de chismes esos que tienen los americanos en el garaje donde guardan de todo menos el coche, que lo dejan en la acera, y la posibilidad de pasar unos días a solas, jugándosela a unos cacos… todo era maravilloso. La parte menos importante es la justificación familiar, pero entendemos que es necesaria. Su director, Chris Columbus, que fue el guionista de Gremlins, consigue hacer que nos relajemos y nos dejemos llevar por un entretenimiento que no pretende nada más que atraer nuestra atención.

19/12/14

ESCENA 1: Huérfanos de la Anarquía

SECUENCIA: LA INDUSTRIA DEL ESPECTÁCULO

DIRECTOR: Germán Lao

            Se acabaron los “Jesuschrist” y los “Jackie boy”. La fantástica tragedia clásica moderna que desde 2008 nos traía Kurt Sutter ha bajado el telón por última vez. Y la echaremos de menos.


Ambientada en un pequeño pueblo ficticio de California, cerca de las grandes urbes que rodean San Francisco, la historia nos relata la lucha de un miembro de un peligroso club de moteros por convertir ese grupo criminal en uno limpio y dentro de la legalidad. En su afán irá conociendo los entresijos, haciendo frente a nuevos peligros y siendo consciente de la sangrienta historia del club, lo cual será determinante, pues le afecta personalmente más de lo que él mismo esperaba.

            La producción cuenta con un reparto acertadísimo, que se ha sabido implicar en la historia y hacerla evolucionar de un modo complementario a la trama, la cual ha ido avanzando con muchos aciertos y algún fallo, nadie es perfecto, pero apenas han sido determinantes. En general, la historia es interesante y, lo que es más importante, adictiva.

            Su creador, Kurt Sutter, también productor, director, guionista y actor de la serie, ha dejado patentes sus influencias procedentes de la tragedia shakesperiana; no de una sola obra, sino más bien extrae los grandes temas universales que trataba, como la traición, la venganza, el amor desesperado, la soledad del héroe, etc. En siete temporadas ha tenido tiempo de sobra para tratarlos todos más que correctamente.

            El aficionado a la ficción, y más concretamente la televisiva, encontrará la serie interesante, sin más, pero si sus gustos se encaminan más hacia el género negro, con historias llenas de mafia, vendettas, intrigas y un punto de redención, ésta serie le cautivará desde el primer episodio, pues es brutalmente sincera, y no divaga intentando ser lo que no es. La serie sabe quién es y hacia dónde se tiene que dirigir desde el primer momento, y esa claridad se nota a la hora de desarrollarse. Además, a partir de la quinta temporada entra en una vorágine de huida hacia delante que ya sólo puede cerrarse en un final definitivo, en el capítulo trece de su séptima entrega.

            Anteriormente, durante las tres primeras temporadas, la historia se desarrolla de otra manera, centrándose más en un viaje de autodescubrimiento y aceptación, que, paradójicamente, durante la cuarta temporada, se descubre incompleto y parcial y durante esa entrega, que se puede definir como de transición, se sientan las bases de lo que vendrá posteriormente.


            Vamos a extrañar no saber más de Jax Teller y sus familias, tanto la de sangre como la de chaleco; la mesa de madera tallada donde se tomaban las decisiones importantes, y los apartes donde se tomaban las decisiones cruciales; los enemigos convertidos en amigos y los desconocidos convertidos en infierno; y todos esos paisajes desérticos de california, con carreteras interminables y peligros tras cada curva.


            Podemos estar seguros de que Sons of Anarchy ha sido una grandísima serie, pues la creación de esta nostalgia en sus seguidores, que se puede pulsar en foros, blogs y twitter, a tan poco tiempo de su final sólo está al alcance de series que resultaron trascendentales, y no es que haya aportado grandes novedades al medio o al género, pero ha conseguido algo igual de importante, conectar con su público.

15/12/14

ESCENA 1: El inicio del blog es el fin de la comedia

SECUENCIA: MADE UP IN SPAIN


DIRECTOR: Germán Lao

            Hay ocasiones en las que un producto deliberadamente minoritario nos sorprende por su masiva repercusión, y por su enorme aceptación y, lo que es más difícil, vigencia. La nueva serie del personalísimo cómico Igantius Farray lo ha conseguido, con creces, y el fenómeno continúa, sólo hay que darse un paseo por twitter para comprobarlo, y eso, para los que tenemos grandes esperanzas en la ficción patria, es un motivo más que poderoso para reclinarnos en nuestra silla con una sonrisa y las manos entrecruzadas tras la cabeza; posición de “yo ya lo sabía”.

El fin de la comedia
            Es valiente y desinhibida, como el humor del que hace gala su protagonista, desde su misma concepción y primeros pasos, pues tiene su origen en la inclasificable web serie Todo el mundo quiere ser como Ignatius Farray, creada hace unos años por dos de los implicados en esta nueva obra, Miguel Esteban y el mismo Ignatius Farray, aunque aquello fue más bien un experimento de autoconocimiento de propios límites y un ejercicio de genial desvergüenza por parte de sus autores; muy recomendable si te acercas a ella sin ningún tipo de prejuicio. Del mismo modo, su forma de producción y emisión, por parte de Comedy Central, es resultado de conocer e interactuar con los actuales modelos de consumo de ficción televisiva, más a través de internet y a petición de espectador; además de en el canal mencionado, también está disponible en la mayoría de plataformas on-demand actuales.

            Sin embargo, es cierto que el espectador que se acerque a esta comedia no debe esperarse la típica sucesión de chistes y comparaciones a las que estamos acostumbrados en este país por parte del grueso de series de humor que se nos ofertan; aquí tras la situación que nos hará sacar la sonrisa, o tener que pausar la reproducción para poder recomponernos dependiendo del caso, subyace un mensaje dramático que, si bien en algunas situaciones sirve para intensificar el momento cómico, en otros nos corta la sensación de euforia para exigirnos una identificación personal con el protagonista que nos hace sentirnos incómodos, participando en ese momento de la trágica situación del personaje. Éste es el gran acierto de guión y el gran aporte que ofrece al panorama televisivo español.

            Es cierto que su principal fuente, la norteamericana Louie C.K., subyace continuamente bajo todas y cada una de la imágenes mostradas en la pantalla y escritas en el guión, pero adaptar ese estilo con tanto acierto a un público como el español, con nuestra propia idiosincrasia y realidad social es un elemento que se debe valorar muy positivamente; también se puede observar el espíritu de la poco conocida ¿Qué fue de Jorge Sanz? sobrevolando en prácticamente cada secuencia, pero eso es un valor añadido, pues no debemos obviar los pasos que la ficción nacional ha ido dando en los últimos años y la única forma de asentar lo conseguido es perfeccionarlo e incorporarlo. Raúl Navarro, el tercero en discordia, ha sabido leer perfectamente las referencias y hacerlas suyas para crear un producto completamente personal e identificable.

            Se interpreta a sí mismo y casa comedia de monólogo y de situación. Esta definición es correcta, insuficiente, pero correcta. Ignatius Farray interpreta un personaje fascinante, como antes hicieran Jerry Seinfeld o el anteriormente nombrado Jorge Sanz, pero cuya historia y fondo se ponen completamente al servicio de la historia y la comedia, como en los casos de Louis C.K. o Larry David. Las tramas hacen evolucionar sutilmente tanto la historia como el personaje, sin grandes cambios o drásticas salidas de tono, pero en las que se tocan, casi inadvertidamente, los sentimientos humanos, haciendo al espectador partícipe de ellos, como en las de los episodios Pica el verde y Pepinillos agridulces, de carga emocional diametralmente opuesta pero provocadores de una implicación total en la trama.

            Referencia aparte merece la extensa lista de actores y cómicos que se acercan a echar un vistazo a ver que se cuece por aquí. Desde la estable colaboración de Juan Botet, que nos otorga una de las secuencias más hilarantes, hasta la colaboración de Willy Toledo, que se une a la filosofía de Ignatius y se ríe de la imagen que ha creado de sí mismo. Mención especial para Javier Cansado, Joaquín Reyes y Julián Villagrán, aunque la más destacada, tanto por el personaje que interpreta como por lo que aporta en pantalla, es la recreación del técnico de telefonía que realiza Víctor Clavijo y su tercer acto. Enorme. Me quito el sombrero ante sus creadores.

            
           "El loco de las coles" se nos ha hecho mayor, o siempre lo había sido pero no lo habíamos sabido o querido apreciar, esperando siempre de él sus característicos chistes y salidas de tono. Sin embargo, en esta ocasión nos trae un producto personal y totalmente libre, nueva interpretación de sí mismo y su personaje, interesante y enigmático, aportando su propio y loco granito de arena al panorama de la ficción nacional, preparada ya, tanto ella como el público, para productos que trasciendan los esquemas asentados y convenientemente repetidos y explotados.

           Más que recomendable, yo diría, y todo esto es sólo mi opinión personal, que se trata de una serie indispensable para conocer el nivel de desarrollo actual de la industria en nuestro país, y, por último, para disfrutar realmente de un producto que nos hace reír, incomodarnos, pensar y sólo mirar a partes iguales. Bravo, señor Farray.


            Los capítulos de El fin de la comedia están disponibles en Comedy Central y las plataformas on-demand españolas.